Música de Mishima, un regalo para la humanidad.

Mishima nunca decepciona. La chica dice que no puede escuchar la música. Y no la escucha pero miente. Pero la música no es música, sino la frigidez, pero la mentira no es mentira sino protección. El psicoanalista se debate siempre entre el canon occidental y el oriental. De pronto parece un investigador policiaco y no el investigador dentro del inconsciente. De pronto investiga los significados de las conductas en la sociedad, pero luego ve que es otra sociedad, con otros significados. Interpreta la mente y los hechos. Une fragmentos dejados en la escena con la persona. Parecen los personajes salirse de los sueños y los lapsus para conectarse con la realidad.

En partes la novela no es novela sino ensayo psicoanalítico con cita y debate de autores, en parte parece ser burla del psicoanálisis y en partes apología. Todo se desvanece hasta el propósito de la novela. Un estilo que combina la tercera persona, la primera, el diálogo y el recuerdo. En aparente desorden como el mismo inconsciente.

Esa investigación en las profundidades del inconciente y del recuerdo toma matices policiacos donde la mentira nunca es mentira y el recuerdo nunca es pasado.  Los personajes son lo que ellos son y lo que representan para la paciente. Turnan sus papeles para generar distintas lecturas. El doctor con todos sus vicios, pero que quizá no ha de usar. La ayudante celosa. La paciente. El novio. La tía. El hermano. Todos son ellos y su circunstancia pero la circunstancia es la paciente. Un juego de espejos narrativos que perdona el final feliz, y permite que anunciar el final feliz no sea spoiler sino el reflejo de lo que sería un spoiler según el ángulo que se le vea.

Un logro de Mishima. Una avanzada de oriente contra el occidente. Como siempre, Mishima dando regalos a la humanidad.

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